...y, además, con la ayuda de Dios, se pueda erradicar cuando menos en sus casas y en nuestro entorno la violencia y crueldad imperante actualmente.
Los siguientes conceptos nos van hacer de suma utilidad en esta continuación de los remedios que en anterior escrito comenzamos.
CONEXIÓN, CONSEJO Y AMOR
Ayudar a los hijos a que caminen firmemente por su vida requiere más conocimiento: pero también se requiere de estrategia. Los padres necesitan proporcionar y crear un ambiente familiar óptimo que prevenga soledad, adicciones y violencia y esto se logrará con: conexión, consejo y cariño.
CONEXIÓN
La unidad y proximidad de los miembros de una familia es fundamental para crear un ambiente seguro y reducir el riesgo de comportamientos violentos y criminales. Desafortunadamente, el divorcio y la desintegración familiar se han incrementado en los últimos años, creando familias más frágiles y provocando una mayor incidencia de actos violentos tanto hacia el interior como al exterior del ambiente familiar.
Una de las características propias de la modernidad(la mayoría de ellas provocada), es que promueve un desfase entre la vida de los jóvenes y la de los adultos. Mientras los adultos duermen, los jóvenes están despiertos, y mientras los adultos están en vigilia, los jóvenes duermen. Los nuevos hábitos sociales empujan a los adolescentes a alejarse más tempranamente de sus padres. Hace 40 años, los jóvenes convivían un poco más con sus padres en festejos como la Navidad, Año nuevo, Semana Santa, o incluso los domingos, días en que se levantaban temprano y acompañaban a sus papás a misa o a visitar a su abuelos o familiares.
En cambio, hoy los jóvenes pasan mucho más tiempo con sus amigos. En Navidad están con su padres hasta media noche, y luego salen con sus amigos; en Año nuevo, generalmente, están con sus amigos; y en Semana Santa salen fuera de la ciudad con sus amigos.
Las reuniones con amigos o en lugares de baile empezaban alrededor de las seis o siete de la tarde y terminaban no más allá de la una de la mañana. En la actualidad, si los padres le piden a su hijo que regrese a las doce o una de la mañana, él contesta enojado que “a esas horas apenas están llegando sus amigos.” Y, ellos resignados, por supuesto, diciendo no les podemos pedir que nos acompañen temprano al día siguiente, ya que estarán dormidos.
Un padre de un adolescente comentaba: “Desde que mi hijo sale con sus amigos por la noche ya casi no lo vemos, ya que los fines de semana se levanta hasta las dos de la tarde e inmediatamente sale de la casa.” En efecto, como se ha dicho, estamos viviendo una generación de hijos “invisibles”, ya que nunca están en casa y cuando están, se la pasan dormidos. Otro padre comentaba con ironía: “Siempre veo a mi hijo todas las mañanas; salgo a correr a las cinco de la mañana y él apenas regresa del antro.”
Hoy en estos días se requiere de mayor presencia como familia. No se debe de tener miedo decirles a sus hijos: “En este verano pasaremos unas vacaciones familiares y todos juntos saldremos una semana a algún lugar.” No se deben dejar intimidar ante los chantajes de sus hijos: que les dirán: “Pero todos mis amigos saldrán de vacaciones sin sus padres.” Si así contestan se les puede responder: “Bien, en otros momentos podrás ir con tus amigos, pero recuerda que estas son vacaciones familiares e iremos todos juntos.”
El adolescente edifica su identidad y autoestima en la relación con sus amigos, pero cimienta su carácter y compasión con la familia.
Los rituales familiares, como comer y cenar en familia, ir juntos a eventos religiosos y vacaciones, son extraordinarias maneras de mantener a la familia unida. Se debe de entender que cuando los hijos crecen quieren y necesitan mayor libertad, pero es triste ver cómo las familias dejan a un lado sus rituales porque consideran que son fuente de conflicto y fricción sobre todo en las familias permisivas “inconsistentes, débiles,” Los hijos necesitan saber que son parte de la familia y que para ello necesitan participar en ciertos rituales, aunque en primera instancia no estén contentos, pero percibirán que estos eventos hacen a su familia única y estable.
Otro factor importante para que estén conectados con sus hijos es involucrarse con ellos. La mayoría de la veces los adolescentes no quieren hablar con sus padres o quieren estar solos en su cuarto. En estos momentos se debe respetar su privacidad y dejarlos.
Muchas veces ignoran a sus papás, no porque no les quieran o les evadan, sino porque no se tiene nada que compartir con ellos (si los dos padres trabajan y no se dan tiempo para sus hijos, o cuando sólo trabaja el padre, la madre no tiene tiempo o no se da tiempo para ellos, y si impera en ellos el egoísmo, así, es imposible que haya una buena relación, confianza y comunicación con sus hijos), los adultos desconocen el mundo, la música, los intereses o miedos de sus propios hijos. Por eso es importante, que los padres mortifiquen sus egoísmos y se tomen un poco de tiempo para descubrir su mundo y verán que algunas puertas empezarán a abrirse.
Es importante que respondan los padres con sinceridad las siguientes preguntas: * ¿Pueden nombrar a los maestros de sus hijos? *¿Conocen a sus mejores amigos? *¿Saben la música que les gusta más? *¿Pueden nombrar algunos de sus artistas, deportistas o celebridades favoritos? *¿Saben si sus hijos son felices o infelices, si son populares o solitarios y aislados, ansiosos o rechazados?
Cuando los padres se involucran en la vida de su hijos, estos obtienen más seguridad, un mejor rendimiento escolar, una mejor autoestima y desarrollan menos problemas emocionales y de agresividad (Steinberg, 2004).
CONSEJO
El consejo o la guía vienen de muchas formas y tamaños. Es importante orientar a sus hijos con base en valores como el respeto, la honradez, la cooperación, la honestidad, el autocontrol de si mismo, el servicio y la compasión. Pero lo más importante es vivir y modelar las conductas que reflejen estos valores con el ejemplo. Los niños aprenden viviendo. Porque si sus hijos ven que sus padres resuelven las diferencias mediante gritos y golpes, los niños aprenderán que esa es la mejor manera de solucionar los desacuerdos.
A los hijos no les gusta recibir sermones o adoctrinamientos, por ello las conversaciones sobre valores siempre deben ser en forma de diálogo. Si se discute o argumenta, sus hijos automáticamente se desconectarán y se alejarán cada vez más.
Es muy importante que los padres aprendan a dialogar con sus hijos adolescentes, que los escuchen, pero con la distancia adecuada para que no se sientan perseguidos.
Al escuchar a sus hijos tiene la oportunidad de conocerlos más, de saber qué sienten, que les preocupa, cómo son su amigos, que cosas les divierten o a qué le temen, que piensan respecto al alcohol, a las drogas o al cigarro.
Existen algunas actitudes clave para establecer un diálogo fluido y respetuoso con los adolescentes:
*Escucharlos siempre. Evite interrogatorios policiales. *No critique a sus amigos argumentando más allá de cómo se visten o peinan. *Acordar en familia los horarios que deben respetar, aquí es importante seguir las normas sobre las reglas que se vieron en una familia afectiva-estructurada. *Es importante considerar que debe haber respeto mutuo, pero ustedes son los padres, y nunca podrán ser amigos de su hijos por más jóvenes que se sientan. *Respetarlos en sus pedidos de soledad y silencio, ellos necesitan espacios para pensar y reflexionar. *Respetarlos en sus elecciones vocacionales. En lo que desean estudiar o qué actividades deportivas o intelectuales quieren realizar. *Darles reconocimiento cambiando el “Nunca, “Siempre”, “Toda”, “Nada”, por: “Últimamente”, “En esta ocasión”, “Algunas veces”, etc., y no arruinarlo con frases del estilo “No sé por qué no haces eso siempre, si no te cuesta mucho”, “¿Ves cómo sí sabes hacerlo?, pero te gusta hacerte…” etc. *Dialogar con ellos escuchándolos con calma y sin agredirlos.
No crea que con esta lista será suficiente, es sólo el comienzo; además, no garantiza que vayan ustedes a establecer una comunicación maravillosa de inmediato, pero sí les ayudará a sus hijos a ir fortaleciendo su relación con ustedes.
Consejo o guía también significa establecer claramente las expectativas acerca de las conductas. No esperen que los niños y los adolescentes las acepten a la primera, sino lo contrario, esperen ver resistencia e incluso rechazo. La estructura y el orden proveen de mayor estabilidad en la dinámica familiar y reducen las responsabilidad de que se presenten comportamientos violentos en sus miembros.
Otra cosa también importante, en lo referente a la corrección o llamada de atención sobre algunos malos comportamientos o faltas de sus hijos: lo primero que deben hacer los padres no perder el control sí mismos, si se sienten enojados, digan luego hablamos, se retiran, respiren profundamente, cuenten hasta diez o pídanle a Dios que los serene, hagan lo que mejor les de resultado para controlarse:
Si la falta fue en casa inmediatamente con control de sí mismo va hacer la corrección, si ese mal comportamiento sucedió en una parte pública o con sus amigos o familiares, díganles luego hablamos, pero nunca los corrija delante de la gente y con control de sí mismos, van esperar el mejor momento para la corrección, que por lo regular es antes de que se vayan a dormir, y ya en la corrección diríjanse con firmeza a ellos, con frases serenas y llenas de amor que sean cortas, precisas, concisas y sustanciosas, diciéndoles su mal comportamiento y las consecuencias de ello.
AMOR
El tercer elemento que reduce enormemente el riesgo de que los niños presenten conductas agresivas es el amor o cariño. Los padres deben de amar a sus hijos incondicionalmente. El comunicarles el amor es vital para ayudarles a desarrollar con seguridad y protegerlos de un sentimiento de abandono y desamparo, ya que esto provocará un resentimiento y, a su vez, violencia y venganza.
Muchos padres tratan de darles “cosas” a sus hijos, en vez de darles amor. Estas cosas son: permisividad, bajas expectativas y presiones materiales. Los niños son verdaderamente lastimados cuando en el hogar no hay disciplina o no se establecen límites; también cuando los padres esperan muy poco de ellos o cuando los juguetes y regalos son usados como sustitutos a compensar el verdadero amor.
Los hijos –tanto niños como adolescentes- necesitan mucho afecto físico, se ha olvidado que tienen una gran necesidad de contacto y cercanía físicos. En los últimos años, los adultos únicamente se han preocupado de cómo hacer a los niños más inteligentes y listos, pero han olvidado que lo esencial en la relación de padres e hijos es establecer una intimidad emocional y física, más que intelectual.
Necesitan comunicarles la razón por la cual se intenta estar unidos, y esto se logra estableciendo límites y dándoles consejos, y todo ello es por se les ama.
En resumen, los padres deben: *Establecer formas para conectarse con sus hijos, especialmente con los adolescentes. *Pasar tiempo juntos como familia. *Involucrarse en la vida de sus hijos. *Establecer rituales, aunque los adolescentes se resistan. * Evitar dar sermones.
Hoy el adolescente está más presionado (apariencia, bienes y amigos), lo cual presenta un factor de riesgo.
La clave no es el control sino la conexión y el amor. Si los padres están conectados con sus hijos, podrán ayudarlos a aprender de sus errores. Y si los aman, por más errores que cometan tendrán la paciencia para guiarlos y corregirlos.
CADA HIJO ES ÚNICO Y DIFERENTE
No existe ninguna razón por la que todos los hijos deban tratarse y disciplinarse de la misma manera. Los hermanos difieren en personalidades, intereses y aptitudes, y deben ser considerados independientes y orientarles de forma distinta. Si un hijo no quiere hacer la tarea cada día, requerirá mayor supervisión que sus demás hermanos que no tiene necesidad de ello.
Pero todos los hermanos tienen la misma regla, sólo que para el flojo se requerirá ser un poco más estricto. Además, la edad también determina que existan distintas reglas para los hijos. Si un hermano es mayor, por consecuencia tendrá mayor libertad de acción que su hermano menor, pero a su vez responderá a mayores responsabilidades. No se puede permitir que su hijo de 12 años llegue a casa después de la doce de la media noche, como lo hace su hermano mayor, de 20 años.
A pesar de que los padres intenten educar de igual forma a cada uno de sus hijos, cada cual trae una carga genética que los predispone a ser ya sea pasivos, introvertidos, callados, o activos, extrovertidos o explosivos. Desde el nacimiento, los padres comparan a los hijos e identifican sus diferencias (éste era muy llorón, pero se dormía todo el día, etc.); los valores y las reglas son iguales para toda la familia, pero hay niños que requerirán de los padres un poco más de firmeza y que desaprueben todo tipo de reacción impulsiva, cruel o violenta.
NUNCA ABUSAR FÍSICA O VERBALMENTE
Uno de los principales efectos del abuso físico es que induce a la agresión y a la violencia. Los niños que son golpeados tienen una mayor predisposición a reaccionar con golpes e insultos a las amenazas y frustraciones. Tienen una mayor predisposición a ser bullies en sus escuelas y en general, a tener mayor número de pleitos para resolver sus problemas con los otros. Los niños que han sido abusados físicamente tienden más a no ser aceptados en su escuela, son más problemáticos y desarrollan problemas de disciplina muy tempranamente en su salón de clases.
El castigo físico como consecuencia es una pobre decisión ya que fácilmente se puede perder el control y lastimar, usar los golpes como única alternativa disciplinaria puede provocar inmunidad ante ese tipo de castigo; el niño puede llegar a desquitarse con un hermano menor o a decir: “No me duele” o “Parece que ya no tienes fuerzas para pegar más duro.” Estos comentarios pueden ser ofensivos para los padres y ocasionar mayor irritación en ellos.
Cuando se disciplina a sus hijos no es necesario ponerle apodos (“Mira, no te aguantas, pareces un bebé”), usar ironías (“No podía esperar más de ti con esa ideota”), humillación (“No puedo creerlo que he educado a un hijo tan tonto”). No hay necesidad de agredirlos verbalmente porque sólo se estará lastimando su persona y no corrigiendo su conducta. El abuso verbal tiene varias consecuencias fatales que pueden provocar hasta el suicidio. El niño que constantemente recibe críticas y agresiones verbales desarrolla una personalidad autodestructiva: “No sirvo para nada”, “Soy un fracasado” o “Para que vivo si en esto no soy bueno.”
La mejor forma de evitar la agresión verbal es centrar la disciplina en su conducta y nunca en el niño. Es mejor decir “lo que hiciste fue un error”, en vez de “eres un niño grosero”. Con las primeras palabras se recrimina más la conducta del niño, y con las segundas se hace sentir mal al niño por quien es. El segundo punto para prevenir este tipo de agresión es evitar las generalizaciones: “Tú nunca haces algo bien”, o “Tú eres un niño malcriado y mentiroso.” Cuando hay necesidad de responder a una conducta del hijo, limítense en el mal comportamiento de ese momento: “Te equivocaste al hacer esta acción”, o “Dime la verdad y no me mientas al respecto.”
Nunca discipline a su hijo cuando usted esté enojado. Si está disgustado, esto sólo aumentará la probabilidad de que lo lastime física o verbalmente. Cuando sobreviene en los padres como seres humanos el enojo y la desilusión, esto no debe ser excusa para perder el control y lastimar, si se esta enojado, es mejor dejar pasar un rato y después aplicar la consecuencia: “En este momento estoy muy enojado por lo que hiciste, déjame tranquilizarme y hablamos.”
El niño debe ser tratado con amor, respeto y confianza.
TRES IDEAS PRÁCTICAS PARA PREVENIR HIJOS AGRESIVOS
1. Ayudar al hijo a que realice una actividad física o practique un deporte, al menos tres veces a la semana.
2. Ayudar al hijo a que realice actividades de servicio y ayuda a otra persona que tenga alguna necesidad. Primero puede empezar en su casa (por ejemplo, enseñar a leer, a la señora que les ayuda hacer el aseo de la casa) etc.
3. Ayudar a su hijo a que encuentre un sentido espiritual a su vida (o encausarle hacia un noble ideal). Cuando el niño o el adolescente encuentra un sentido significativo a su existencia y le dan un sentido de trascendencia a su vida, están menos propensos a actuar en forma violenta o a atentar contra su propia vida.
UN MUNDO LLENO DE HUMANIDAD
Un mundo lleno de humanidad significa que está lleno de personas amables, generosas, compasivas y caritativas que aman incondicionalmente. Las personas con humanidad piensan de la siguiente manera: *Los otros son tan importantes como yo. *Todos los seres humanos valemos igual. *Tener calidez y generosidad parece dar paz y felicidad al otro. *Dar es más importante que recibir. *Dar a los otros con amor y generosidad es la mejor forma para vivir. *Las personas que sufren necesitan ayuda y compasión. *Las personas con necesidades requieren ser cuidados. *Es importante ayudar a todos y no sólo a la familia y amigos.
Una humanidad sin violencia es un mundo lleno de humanidad.
Por último, con esta parte damos por terminada esta serie de escritos relacionados con la educación de los hijos en este mundo lleno de crueldad y violencia, espero en Dios que se analicen, bien las causas y las circunstancias que han provocado este ambiente caótico que nos ha tocado vivir, y con la ayuda de Dios Nuestro Señor se puedan llevar a la práctica todos los remedios y soluciones que se han expuesto para corregir y llevar acabo dichos correctores para erradicar de la mejor manera y con valores, esta crisis y ambiente de caos producido por la crueldad y violencia imperantes.
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