Hoy leyendo la contra de La Vanguardia, me he puesto a reflexionar sobre los sentimientos de culpa y concretamente en los míos.
He sido educado en ellos (la religión Cristiana) y durante muchos años -y aún sigo- lucho contra ellos. Me siento tremendamente identificado con la pregunta:
¿Tenemos que aprender a negociar con nuestro Pepito Grillo?
Sí, porque nos avisa si nos estamos metiendo en un camino peligroso, pero no hay que caer en el autocastigo. Se ve muy claro en las adicciones. Cuando recaemos, nos dice: “Has caído en lo de siempre, ¡inútil!”, y el remordimiento puede llevarnos al “de perdidos, al río”.
Creo que siempre he sido un hombre con una gran “conciencia”, pero en el error, he llegado a autoflagelarme…“de perdido, al río”
Modificar estos sentimientos es ardua tarea, ya que solo el hecho de querer modificarlos, genera sentimientos de culpabilidad. ¿Estaré haciendo lo correcto?
La culpa es un lastre, que no nos permite avanzar. Tenemos derecho a equivocarnos, pero nunca de no asumir nuestras responsabilidad. Si no fallo, no avanzo. Sí todo lo hago perfecto, en que voy a mejorar? y si me equivocase, ¿por qué me he de castigar?. La no aceptación de nuestra responsabilidad, nos autogenera más sentimientos de culpabilidad, y nos lleva a un bucle sin salida, autodestruyéndose
¿Cómo vivir en paz con uno mismo?
Aceptándonos tal como somos y aceptando que la vida es cambio. A veces uno ha de reconocer que no es tan simpático como se cree ni tan generoso… Todo remite a los límites del yo, es decir: lo que creemos que deberíamos ser y lo que en realidad somos.
Aquí está la solución, aunque no por ello fácil: Reconocernos tal y como somos. Sin mentiras, sin aparentar
Cuando se vive en pareja, este reconocerse y aceptarse, puede ser relativamente más fácil, pues hay otra persona que nos puede apoyar desde la intimidad y amor. Te reconozco tus logros y errores sin por ello juzgarte.
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